Peligro de Aludes de Nieve

En nuestras latitudes los aludes de nieve se inician en laderas de montaña generalmente por encima de los 1.500 metros pudiendo afectar a altitudes netamente inferiores cuando en su descenso pueda alcanzar los valles. Las principales amenazas están relacionadas con la posible pérdida de vidas humanas por la práctica de deportes y actividades lúdicas en la alta montaña en invierno y por la existencia de tramos de carretera o incluso infraestructuras en áreas afectadas por aludes de nieve. Su potencial ocurrencia en nuestras montañas está muy delimitada en el tiempo y espacio.
La caracterización de la situación de peligro en un determinado momento está muy condicionada por la formación y transformación del manto nivoso existente. Este manto de nieve no es una masa homogénea, sino que presenta una estratificación particular en cada momento y situación de la ladera y que es objeto de caracterización con la edición del boletín del manto nivoso.
Los aludes pueden iniciarse de forma natural cuando las fuerzas gravitacionales superan a las de rozamiento por un incremento de peso (por una nevada intensa o la caída de potentes cornisas), perdida de consistencia del manto, rotura por la caída de un bloque o paso de un animal, deslizamiento entre capas o con el suelo tras un proceso intenso de fusión, etc.
También pueden ser desencadenados de forma artificial por una explosión en la zona de inicio de los aludes facilitando esta desestabilización
Los aludes se inician generalmente en laderas con pendientes que se encuentran entre los 28º y los 45º. En laderas de mayor pendiente difícilmente, en nuestras latitudes, se pueda llegar a acumular un importante manto nivoso que pueda originar un alud de nieve ya que la nieve desliza de forma continuada hacia los terrenos inferiores por su propio peso.

Los aludes se dividen dentro de los siguientes tipos (si bien en muchos casos nos podemos encontrar con fenómenos mixtos):
• Aludes de nieve en polvo: se producen tras intensas nevadas y suelen ser de nieve seca. La nieve presenta bajas temperaturas y muy baja densidad y son típicos de los meses más fríos y más comunes en las laderas norte donde la nieve tiene una menor evolución (temperaturas bajas estables a lo largo del tiempo). Son muy peligrosos y con gran potencial destructivo cuando se comportan como un “aerosol” por la imprevisibilidad de su comportamiento y de su alcance final debido a la acción destructivo de las ráfagas de viento que provoca.
• Aludes de nieve húmeda: Se producen por la fusión del manto de nieve generalmente durante la primavera. La nieve es más pesada al tener una mayor temperatura (y por tanto un mayor contenido de agua líquida) y suele fluir por corredores muy determinados de las laderas que suelen corresponder con la propia red hidrográfica o depresiones del terreno.
• Aludes de nieve en placas: se producen por discontinuidades existentes en el manto de nieve en las que una capa superior más cohesionada se desliza por encima de una capa más débil. La rotura se puede producir por el paso de un solo esquiador o por cualquier sobrecarga que soporte la nieve en determinados momentos críticos.

Los factores de peligro que se deben tener en cuenta para la caracterización del riesgo de aludes de nieve serían los siguientes: altitud media de la cuenca de riesgo, clases de pendiente, orientación de las laderas, morfología y rugosidad de los canales de aludes, caracterización de las laderas adyacentes, constancia histórica de aludes de nieve, caracterización nivologica de la cuenca de riesgo, presencia de ventisqueros y zonas de acumulación de nieve a sotavento de los vientos dominantes, existencia y efectividad de medidas de defensa frente a aludes existentes, existencia de vegetación mayor y estado de la misma, potenciales sobrecargas o roturas que puedan provocar las personas, etc.